jueves, 18 de agosto de 2022

Letrero

 


(Del libro ‘Muchacha negra en un banco del parque’, Premio Nacional de Cuento de República Dominicana)


Bienvenidos a Jackson Heights, Queens. Avenida Roosevelt. Pare. Alfredo Parking Garage.

—Dele un poco más adelante, señor... Ahí está bien. ¡Eso es lo que yo llamo una camioneta de trabajo! ¿No sabe cuánto tiempo la dejará en el estacionamiento? No se preocupe. Deme la llave y cuando regrese salde el monto del servicio en la caja. De nada, de nada.

Calle 82. Dunkin’ Donuts. Estación de la calle 82, tren 7. Restaurante Pico de Gallo. Se buscan meseras con buena presencia. «¡Regáleme una cuora, por favor!». Baratillo, Everything must go, 70% de descuento. Linn Massage Parlor. Entre, estamos abiertos.

—¿Qué tipo de masaje desea, señor? Ah, ¿no viene para eso? ¿Que si conozco a una masajista llamada Jie Li que trabajaba en el salón de masajes de al lado? Solo de vista, la verdad sea dicha. No. Desde que se tiró la policía, arrestaron a todas por prostitución y clausuraron el negocio, jamás la he vuelto a ver. Sí recuerdo haberla visto con Mizuki, la propietaria del salón de masajes Bella Luna, que queda a dos cuadras de aquí. De nada, señor. Le deseo suerte.

Parque en honor a Manuel de Dios Unanue. Banco Santander. Atlas ATM. «¿Busca tarjeta de seguro social, amigo? Nosotros se la hacemos en quince minutos. Entre por esa puerta y pregunte por Aníbal». «¡Massage parlor! ¡Massage parlor! Tome una tarjeta. Lo dan con final feliz, guárdeme el secreto». Studio 316 Tattoo & Body Piercing. USA Solutions Center. Salón Bella Luna, horario... Suba las escaleras con cuidado.

—Buenos días, señor. ¿En qué podemos servirle? ¿Busca a Mizuki? ¿Podría saber de parte de quién? ¡Letrero! ¿Usted se llama Letrero? Ah, es un apodo. Ja, ja, ja. Ya lo imaginaba. ¿Se lo pusieron porque usted se dedica a instalar letreros? ¿Que también le gusta leerlos y muchas veces los traduce a su lengua materna por simple divertimiento? Creo que a todos nos pasa lo mismo, señor. Tome asiento. Mizuki lo atenderá en cuanto termine con un cliente.

Calendario. Monte Fuji. 3,776 metros de altitud. Es el pico más alto de la isla de Honshu y de todo Japón...

—Señor Letrero, soy Mizuki. ¿A qué debo el honor de su visita? ¿Busca a Jie Li? Sí, somos muy buenas amigas. Hasta estudiamos juntas en el instituto cuando vivíamos en Tokio. Trabajó unos días conmigo, pero la paga no se correspondía con sus necesidades. Es que ella tiene una hijita con una rara enfermedad y el tratamiento le cuesta una fortuna. Por eso buscó la forma de hacer más dinero y cayó en aquel antro siniestro. ¡Pobre chica! Tanto que se lo advertí... ¿Que si sé dónde está? En prisión, por supuesto. ¿No? ¿Que pagó la fianza? ¿Cómo se enteró? ¿En la prensa? A ver, déjeme leerlo... Sí, está libre bajo fianza. Pues lo siento mucho, señor Letrero; Jie Li no ha venido por aquí. Claro, deme su tarjeta; desde que aparezca, le aviso. 

Exit. Baje las escaleras con cuidado. Avenida Roosevelt... Mega Millions, 155 millones. Hey, You Never Know. Pollos a la brasa Mario. Cositas Ricas. Club Evolution. Palm Reader: $5 la consulta.

—Oiga, amigo, ¿busca compañía? Claro, hay una japonesa. No, no sé su nombre real. Ya sabe, a ninguna de las chicas le gusta... ¿Por qué ese empeño por las japonesas, compadre? Tienen tan poco trasero que parecen tablas de planchar. Y gimen como si las estuvieran violando. Ahí tienen a una hondureña que está de madre; es feíta, la maldita, pero es una diosa... Sí, compadre, la japonesa debe estar ahí hoy. Tome la tarjeta. Está frente al Samudra, en la avenida 37. Llame al apartamento 69, ¡vaya número! Lo que es el azar. Cuando sienta a alguien ante la puerta, diga: “Soy Aquiles”; es la clave para dejarlo entrar.

Perfect Liberty Church. Baranas New York. Paco Grocery Store. Restaurante Samudra. Este edificio está bajo protección de la policía. Apartamento 69.

—Pase, Aquiles, pase. ¿Que no se llama Aquiles? Aquí todos se llaman Aquiles. Ja, ja, ja. ¿Solo viene a hacer una pregunta? ¡Mire, coño! ¡El que entra aquí, tiene que boronear a las chicas! ¡Entre al salón, compre un naipe a madame Mimi, y dele el naipe a la que más le agrade! Después puede preguntar lo que le venga en gana. ¿Entendido? No, si no estoy enojado. Si hubiera estado enojado, ya lo habría sacado de aquí sujetándolo por los cojones.

Salón Madame Mimi. Naipes: 30 minutos: $25. Cervezas: $8. Cigarrillos...

—¿Solo tiene un billete de $100? Si no es falsificado, no hay problema. Claro, aquí tenemos a la japonesa más bonita del vecindario. No, esta se hacer llamar Nozomi, y puede que sea su nombre verdadero, porque las japonesas suelen ser muy sinceras, no como esta partida de arpías... Ella está con un cliente muy distinguido. ¿Por qué esperarla? Vamos, mire a las chicas del salón; tenemos mexicanas, colombianas, dominicanas, hondureñas y hasta una hindú, si es que le gustan exóticas. ¿Prefiere esperar? Bueno, entonces tome asiento.

Reloj Quartz. 3:15 p. m. Cerveza Budweiser. Cenicero Alibaba. Condones lubricados Trojan.

—Ey, amigo, ¿espera a la hondureña? ¿No? Mejor. Hay tres esperando por ella. Yo soy el cuarto. Esperaría un siglo por esa mujer. Oh, ¿ya se va? ¿Y con la japonesa? Aquí, entre nosotros, no se la recomiendo. Pero si ya lo ha decidido, le deseo suerte.

Cortinas Destiny.

—Pase, señor. Soy Nozomi, será un honor servirle. ¿Solo desea hablar? Gracias, señor, media hora de descanso me hará mucho bien. Siéntese. Puedo desvestirme si lo que prefiere es solo ver. ¿No? Gracias. ¿En qué puedo serle útil? ¿Busca a una chica llamada Jie Li? ¿Salió su foto en el periódico? Déjeme verla. Sí, claro. Yo la conozco por otro nombre, pero es la misma. ¿La última vez que la vi? Ayer. Comimos juntas en el Mejbaan. Sí. Tiene algunos días trabajando en Ryu Spa, en la Roosevelt y la calle 75. Por todo letrero tiene un dragón pintado en la puerta vidriera. No se vaya tan rápido. Espere aunque sea unos minutos. Si el portero me ve desocupada, se le mete el diablo en el cuerpo. Gracias. Es usted muy amable.

Avenida 37. No estacione. M & T Smoke Shop & Lotto. «¡Teléfonos gratis, no se revisa el crédito!». Avenida Roosevelt.

—¿Una puerta con un dragón? Hay una aquí cerca, un poco oculta, junto a la tienda de tejidos.

Libaas Indian Clothing Boutique. 10% de descuento en saris y salwaar kameez de seda. Botón 1: Agencia de Empleos. Botón 2: Ryu Spa.

—Sea usted bienvenido. ¿Qué servicio desea? Tenemos cinco tipos de masajes. ¿Desea que lo atienda Jie Li? Por supuesto. Ella acaba de terminar y está en la otra sala tomando té. Pague en la caja y espérela en el cuarto número tres, por este pasillo a la izquierda.

Prohibido Fumar. Toalla American Living, 100% algodón. Aceite para masajes Fox Envy.

—¡Señor Letrero! ¿Qué sorpresa volverlo a ver? No, yo jamás olvidaría a alguien tan amable, y menos si tiene un nombre tan... ¿Solo vino a conversar conmigo? ¿Que me siente? ¿Tan grave es? No me asuste, señor Letrero. ¿Me busca desde hace días? Cuando tuve el horrible percance, me alejé de todo y de todos. Quise darme un respiro... Pero ya ve, estoy de vuelta. Como decía mi abuela: “Haz todo lo que puedas, lo demás déjaselo al destino”. ¿Qué es ese papel que me tiende? ¿Desea que lo lea? Ah, es un recorte de periódico. A ver, lo leeré: “Policía de California ofrece $250,000 dólares de recompensa por información que concluya con la captura del Asesino de la Esponja… Sus víctimas eran hombres pedófilos, que habían cumplido condena en prisión. Los asfixiaba incrustándoles una esponja en la garganta. Estuvo activo durante siete años, en la década de 1980… La única víctima que logró escapar pudo verle un pequeño tatuaje en el antebrazo izquierdo, que describió como un hombre con cabeza de serpiente”.

Pero, señor Letrero, este recorte de periódico es de 1988. ¿Salió un reportaje reciente en el New York Times donde se informa que las autoridades ahora se están enfocando en una muestra de ADN? La verdad, señor Letrero, no comprendo el motivo por el cual a usted le interesa que yo me entere de los pormenores de este caso. ¿Que usted conoce al Asesino de la Esponja? ¡Nanite kotoda, señor Letrero! Hasta me dan escalofríos escucharlo. ¿Me cuenta todo eso porque quiere que me comunique con las autoridades para que sea yo quien reciba la recompensa? ¡Por Dios, señor Letrero! Yo no sabría qué decirles. ¿Usted me ha preparado una nota para que la memorice? A ver, déjeme intentarlo. “Todos los sábados y jueves del mes de octubre, le di servicios de masaje a un hombre de unos setenta años, quien se hacía llamar Letrero. En una ocasión le conté que deseaba abrir mi propio negocio, y me dejó su tarjeta. Él se dedica a instalar letreros. Leí el reportaje del New York Times publicado la semana pasada sobre el Asesino de la Esponja, y desde que leí la descripción del tatuaje que daba el único sobreviviente, supe de inmediato en qué persona lo había visto…”.

¿Que no tiemble? Lo siento, señor Letrero. No lo puedo evitar. Ya sé que usted no me hará daño. Se lo veo en la cara. Sí, será mejor que se marche. Espere. Deseo preguntarle algo… En eso tiene razón, señor Letrero: el amor es cosa misteriosa.

 


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